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martes, 21 de marzo de 2017

Detras de las Cortinas Capitulo 1

Capítulo Uno
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-Buenos días Enrique, ¿cómo te sientes?­
Bien, creo. Recuerda que hoy es viernes y tienes una cita con el doctor.
-Lo sé, descuida.
Por favor, cuida bien del niño y en mi ausencia no olvides recordarle que lo amo.
El sol no tardaba en salir y el perfume de la mañana inundaba toda la habitación. El reloj apenas marcaba las siete y cuarto y en su tic-tac me recordaba que me apresurara. Me levanté de la cama con los ojos a media asta y la respiración algo pesada. Aun sentía que era todo un mal sueño, una pesadilla de la que no podía despertar. Me sentía indispuesto a aceptar la noticia que había recibido antes de ayer- mi hermana había muerto en un accidente automovilístico.
Mi esposa planchaba mi camisa blanca mientras yo tomaba una ducha y meditaba en aquello…
Pobre Angela María, llena de vida y tierna juventud. ¿Por qué la vida tuvo que ser tan cruel contigo? ¿Cuál fue el insolente conductor que te arrebató la vida? Dónde estaba el ángel de la guarda que debía velar por ti?
Mi meditación fue interrumpida por un brusco sonido en la puerta del baño. Era mi esposa diciéndome que era tarde. Me concentré tanto en pensar en Angela María, que no medí mi tiempo en la ducha.
¡Gracias amor!, le grité desde adentro.
Al salir de la ducha mi esposa terminaba de vestirse y mi suegra jugueteaba con su nieto en la sala.
-La camisa esta sobre la cama- dijo mi esposa mientras apuntaba con el dedo en la misma dirección.
Gracias corazón.
Me vestí con la mayor brevedad posible. Fui a la cocina y preparé algo rápido para desayunar. Tomé mi equipaje. La abuela ya se había marchado con el niño y mi esposa estaba a punto de irse al trabajo.
-Que tengas buen viaje-
Gracias.
Me le acerqué para abrazarla y le di un beso. Ella me abrazó fuerte y me dijo al oído:
-Ve con Dios y no te preocupes, que todo saldrá bien- …y se marchó.
Todo saldrá bien.
Estuve pensando en esas palabras todo el resto del viaje. Realmente necesitaba que todo saliera bien. Mi esposa que debía ir al doctor y yo que me dirigía al entierro de mi hermana. Tomé las llaves del auto, di un beso a mi perrita y cerrando la puerta tras ella me marché. Subí al automóvil e intenté encenderlo, pero noté que tenía problemas para encender. ¡Ho, no, ahora no! exclamé como quien está a punto de entrar en pánico. Estaba supuesto ir a casa de mi cuñado para que el me llevara al aeropuerto. Después de quince minutos intentando encender el auto, desistí. Solicité un taxi y en el camino llamé a mi cuñado para explicarle lo sucedido. Le pedí disculpa y le dije que dadas las circunstancias era más conveniente que fuera directamente al aeropuerto y así lo hice.
En el aeropuerto me acerqué rápidamente al mostrador para tomar mi pase de abordar y luego me dirigí a la puerta de seguridad donde un oficial me hizo pasar a un área apartada de la fila normal de chequeo para revisar mi equipaje y a mí en particular.
¿Pasa algo oficial? Le pregunte.
-No señor, sólo rutina- respondió cómo quien tiene todo el tiempo del mundo y a mí que me faltaba. Le pedí que por favor se diera prisa, que mi vuelo partiría en pocos minutos y estaba algo retrasado. Ya comenzaba a pensar detenidamente en el gran contraste entre las palabras de mi esposa; “todo saldrá bien” y la forma peculiar en que había comenzado mi día.
Por fin terminó el chequeo. Tomé mis cosas y marché de prisa por el pasillo. A pesar de la prontitud no pude dejar de notar unos oficiales chequeando una maleta abandonada. No tenía tiempo para fisgonear, pero veía cómo la tensión y la preocupación se agudizaban.
Al llegar a la puerta de embarque, me entero que mi vuelo había partido unos minutos antes. No pude contener mi enojo. Comencé a discutir con el agente en la puerta de embarque y me enfurecí tanto que podía sentir cómo el color de mi rostro se tornaba rojo y crujía mis dientes. Debí haber reaccionado de una manera más calmada, pero me venció el coraje. Llamaron a seguridad y me llevaron a un cuarto aislado mientras indagaban mi caso. Diez minutos habían pasado, cuando vi que traían un joven esposado a la habitación donde me encontraba.
Las palabras de mi esposa resonaban en mis oídos: “todo saldrá bien”. Me preguntaba, ¿Cuándo mejorarían las cosas? porque hasta ahora todo era un desastre. Ya no quería pensar más en aquellas palabras que retumbaban en mi mente como una pelota de baloncesto sin rumbo fijo. Torpemente malgasté tiempo que ahora me falta; el auto no encendió, acabo de perder mi vuelo y ahora aquí, definitivamente todo estaba saliendo mal.
El joven que ocupaba el sillón frente al mío debía medir algunos seis pies de estatura. Traía barba algo descuidada y el pelo rizado. Por su acento me parecía europeo; uno de esos jóvenes que salen por el mundo en busca de aventuras y conocer nuevas culturas. El me mira, yo lo miro y un simple movimiento de cabeza se cruza entre los dos. Después de varios minutos de silencio me atreví a preguntarle.
¿Por qué estás aquí?
-Por una estupidez- respondió cómo quien pudo haber evitado el vergonzoso incidente.
¿A qué te refieres? Continué.
-Fui al baño y dejé mi maleta al cuidado de mi compañero de viaje. Al parecer la dejó abandonada. Cuando regresé la encontré rodeada de varios oficiales de seguridad y un perro detector de explosivos. ¿Qué está sucediendo con mi maleta? Pregunté. Me detuvieron y aquí estoy. Espero que todo se resuelva rápido, pues sólo tengo allí mi ropa y unos libros de geografía, así que no creo que tarden mucho tiempo en dejarme ir.
¿Y qué pasará con tu vuelo?
-No será hasta la tarde, pero vinimos temprano para no tener que pagar un día extra en el hotel.
Entiendo, le dije.
-Y usted, ¿Por qué esta aquí?
Por agredir a una persona.
-¿Sí?
Así es. Fui grosero con un agente en la puerta de abordar y aquí me tienes. Mientras hablábamos llegó su amigo acompañado de un oficial y éste con su maleta en mano. El oficial le dio la maleta y le dijo- Señor, aquí está su maleta. Disculpe los inconvenientes pero la próxima vez trate de llevar su equipaje con usted a todos lados.
-Gracias, oficial.
Tomó su maleta y sin despedirse abandonó el cuarto junto a su compañero. Minutos después llegó otro oficial para informarme de mi situación. Al verle me incorporé y le pregunté. Oficial, ¿Qué pasará con mi vuelo?
-Lo primero es- comienza a explicar cómo quien se prepara para dar un largo y aburrido discurso, -que su comportamiento irrespetuoso en la puerta de abordar no es aceptable.
¿Pero la incompetencia de la seguridad en el chequeo de mi equipaje por lo cual me retrasé, sí es aceptable? Interrumpí con muy áspero tono.
-Por eso le pedimos excusa. También le pedimos excusa por el inconveniente de haber perdido su vuelo. Le hemos reservado un asiento en el siguiente vuelo a Santo Domingo el cual partirá en una hora.
Muchas gracias, oficial. Por favor, dele mis disculpas a la persona con quien fui irrespetuoso.

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